El bienestar nutricional está relacionado con el consumo de alimentos seguros y de una cantidad equilibrada de nutrientes y energía. Una alimentación es segura cuando está garantizada la calidad higiénica de los alimentos para que no sean vehículo de infecciones. Es necesario su correcto almacenamiento, conservación y manipulación para garantizar su inocuidad. La seguridad alimentaria incluye el uso de distintos recursos y estrategias para asegurar que todos los alimentos sean seguros para el consumo.
El control de la temperatura en los alimentos
Cuando se manipulan alimentos, una de las claves, además de la higiene, es el control de las temperaturas. Mantenerlos y conservarlos en las condiciones de frío adecuadas, así como establecer las mejores temperaturas de cocción y controlarlas, resulta fundamental para reducir el riesgo de proliferación de bacterias patógenas. La temperatura actúa como barrera para impedir la multiplicación microbiana y la producción de toxinas.
La temperatura en los alimentos y en el desarrollo de bacterias patógenas varía en función de los grados que se aplican: a más de 65 ºC, se destruyen; entre 5-10 ºC y 65 ºC, se evita la multiplicación; y de 8 ºC a -18 ºC, los patógenos se mantienen en estado latente, no se eliminan. No se entiende la seguridad alimentaria sin la temperatura (refrigeración, cocción o almacenamiento), ya que el crecimiento bacteriano se vincula, en muchos casos, a los cambios de temperatura. El control de la temperatura de los alimentos, por tanto, es muy importante para garantizar que estos sean seguros. Debe garantizarse que se cocinan o enfrían de manera adecuada para minimizar el riesgo alimentario.
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